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La persistencia de síntomas somáticos impide la remisión total en depresión

En la CLX Reunión Anual de la Sociedad Americana de Psiquiatría se han presentado varios estudios que han retomado la dificultad de alcanzar el fin de las recaídas en depresión. Frente a las opciones terapéuticas disponibles tras un primer fracaso inicial, la presencia de síntomas somáticos añadidos constituye una variable que hay que tener en cuenta.

María Carnicer Castaño   |  25/05/2007 00:00

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La remisión de los síntomas somáticos asociados al trastorno de depresión mayor está frecuentemente infravalorada en el abordaje terapéutico de esta patología, lo que impide alcanzar un éxito integral del tratamiento. Ésta ha sido una de las principales conclusiones de la CLX Reunión Anual de la Sociedad Americana de Psiquiatría, que se celebra en San Diego (California).

Mitigar los síntomas depresivos ya no es suficiente. Los especialistas reunidos corroboraron la idea de no conformarse con una leve mejoría; al contrario, tanto psiquiatra como paciente deben seguir luchando para alcanzar la remisión total. Con este fin, Jonathan Alpert, catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Harvard, ha resaltado la necesidad de un buen análisis integral de los resultados para poder comprenderlos correctamente y evitar así el abandono del tratamiento tras un primer fracaso aparente.

Evaluación del resultado
"Por un lado, debemos tener claros cuáles son los datos que nos dicen que la enfermedad ha remitido íntegramente", ha recordado Jonathan Alpert. En ese sentido, la jornada ha centrado su interés en no olvidar la presencia de síntomas somáticos asociados, muchas veces no tratados con medicación diferente al antidepresivo, y que se muestran resistentes a este tratamiento inadecuado.

"La persistencia de tales síntomas, tanto dolorosos como cefaleas o lumbalgias, como no dolorosos como fatiga, alteraciones del sueño o aumentos de peso, interfiere en la remisión de los síntomas emocionales y cognitivos, por lo que deben ser considerados objetivo primario para optimizar la terapéutica", según las conclusiones de la reunión.

La literatura más reciente apunta que sólo un 35 por ciento de los pacientes alcanzan una remisión total. "Las consecuencias de una depresión persistente no son sólo una mayor probabilidad de recaídas y de cronificación en el tiempo, sino también una mayor comorbilidad de patologías no psiquiátricas", ha añadido Thomas N. Wise, catedrático de Psiquiatría de la Universidad Johns Hopkins, al exponer un estudio que relacionaba la depresión con la probabilidad de sufrir un infarto de miocardio, un fallo cardiaco congestivo e incluso desarrollar enfermedad diabética.

"La comorbilidad no psiquiátrica se une a la elevadísima frecuencia de asociación de doble patología mental, lo que invalida gravemente al paciente en su vida diaria", ha concluido Wise.

Cambio de antidepresivo, efecto somático
El estudio Stard, presentado en el congreso americano de psiquiatría, ha pretendido probar la eficacia de un cambio en el tratamiento farmacológico tras un primer fracaso. Ha contado con pacientes que cumplían los criterios de trastorno depresivo mayor pese a haber seguido un tratamiento antidepresivo con un ISRS durante al menos seis semanas. Contaban con una puntuación total mayor de 15 en la escala de valoración de la depresión de Hamilton, y una puntuación mayor de 3 en la Impresión Clínica Global de Gravedad. Fueron divididos en dos grupos aleatorios, que suspendieron, de forma abrupta o progresiva, el tratamiento con el ISRS y comenzaron el tratamiento con el segundo antidepresivo, la duloxetina, en este caso. Mediante la medición del dolor con las escalas analógico visuales, se consideró un valor mayor de 30 mm como patológico.

Los resultados mostraron una mejoría significativa en todas las localizaciones valoradas (cuello, cabeza, hombro y espalda) y en el malestar generalizado tras el cambio del ISRS inicial a duloxetina.

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