Última actualización: Jueves 19 de Noviembre de 2015 - a las 16:00h

Tos ferina

Volver a Respiratorias (patología)

Qué es

La tos ferina es una enfermedad infecto-contagiosa aguda que afecta al aparato respiratorio. Su principal síntoma es tos violenta en accesos o paroxismos que puede dificultar la respiración. El contagio se realiza directamente desde la persona enferma a la sana por el aire, al hablar y toser, fundamentalmente, por las gotas de Pflügge.

Una de las características de esta enfermedad es que con frecuencia se puede escuchar un sonido convulsivo profundo cuando el paciente trata de inspirar.

Según la Asociación Española de Pediatría, la tos ferina es una de las enfermedades infecciosas más contagiosas, que afectan principalmente a los lactantes menores de seis meses, a adolescentes y adultos, si bien es el primer grupo el más vulnerable.

Causas

La tos ferina o tos convulsiva es una infección bacteriana aguda que afecta a las vías respiratorias altas. Esta enfermedad la causan la bacteria Bordetella pertussis o Bordetella parapertussis, patógenos exclusivamente humanos que pueden afectar a individuos de todas las edades y provocar discapacidad permanente en los bebés e incluso la muerte.

Cuando una persona con el virus estornuda o tose, pequeñas gotas que contienen la bacteria se mueven a través del aire favoreciendo la propagación de una persona a otra.

El tiempo medio de la enfermedad suelen ser seis semanas aunque puede durar hasta diez.

Síntomas

Inicialmente las manifestaciones clínicas de la tos ferina son semejantes a los que aparecen con un resfriado común. Estos síntomas suelen aparecer cuando ha transcurrido una semana desde la exposición a la bacteria.

Entre 10 y 12 días más tarde pueden comenzar los episodios más graves de tos. En el caso de los niños, todo termina en la mayoría de los casos en un estertor, un sonido que se produce cuando el paciente trata de tomar aire. Es raro que éste aparezca en menores de 6 meses y en personas adultas.

La tos puede provocar que los pacientes tengan vómitos e incluso que los pacientes lleguen a perder el conocimiento. De hecho, es frecuente que los episodios de asfixia y las pausas largas de la enfermedad al respirar aparezcan en los bebés.

Otros síntomas comunes son:

Etapas de la enfermedad

  • Periodo de incubación: Dura entre 1-2 semanas. En este periodo el paciente no suele presentar síntomas.
     
  • Periodo catarral o de inicio: Dura 2 semanas con síntomas catarrales inespecíficos: rinitis, estornudos, febrícula (si la hay), lagrimeo, tos leve, seca e irritativa, que se va haciendo cada vez más intensa, de predominio nocturno y que puede provocar vómitos. La tos comienza a ser en accesos provocados por el mínimo estímulo.
     
  • Periodo de estado convulsivo o asfíctico: Dura unas 4-6 semanas. La tos se vuelve paroxística o convulsiva en accesos o “quintas”. El enfermo, encontrándose bien, nota que va a tener un acceso, realiza una inspiración profunda y comienza con una tos a golpes, ininterrumpida, atropellada, que dificulta la respiración, por lo que el niño estira la cara y el pecho hacia delante, saca la lengua, se va poniendo colorado, cianótico y con ojos llorosos y tiene una gran sensación de angustia.
     

Al terminar la crisis aparece una inspiración ruidosa (al pasar el aire por una faringe muy estrecha) que es lo que se llama “gallo” de la tos ferina. En este momento la tos va cediendo y al final de acceso se expulsa un esputo mucoso blanquecino y con mucha frecuencia vómitos. El enfermo está agotado. El número de “quintas” diarias y su intensidad varían dependiendo de la agresividad del germen, así como del carácter del paciente (más frecuente en nerviosos e irritables).

Tras unos días la cara está abotargada, edematosa y con los párpados hinchados. Debido a las “quintas” de tos pueden aparecer pequeñas hemorragias subconjuntivales, petequias en cara, epistaxis, pérdida de conciencia (si la apnea o falta de respiración es prolongada, ulceración en el frenillo de la lengua (al golpearse con los dientes), incontinencia de orina, prolapso rectal, etc.
 

  • Periodo de convalecencia o remisión: Dura entre 1-3 semanas. Las “quintas” se van haciendo menos frecuentes hasta desaparecer. Pueden aparecer nuevas crisis de tos convulsiva después de varios meses, ante la presencia de un catarro banal.
     

La tos ferina puede llegar a producir la muerte en los lactantes menores de seis meses.

Prevención

La vacuna contra la tos ferina es la opción más eficaz para controlar la transmisión de la enfermedad en la población. Aun así, ni la inmunidad que ofrece la vacuna ni la inmunidad natural aportan una protección duradera.

Según la AEP, en los últimos años se ha producido una reemergencia de la tos ferina en los países con altas tasas de vacunación. El aumento de la incidencia se ha producido en bebés menores de seis meses y en adolescentes y en adultos. En los primeros, el motivo es que por su edad todavía no han sido vacunados; en los segundos, la razón es porque ha disminuido su inmunidad debido al tiempo que ha transcurrido desde que recibieron la vacuna o porque han padecido alguna enfermedad que les ha debilitado.

Debido al brote que se ha producido en los lactantes menores de seis meses, desde la AEP recomiendan vacunarse a cualquier adolescente o adulto que esté o vaya a estar en contacto con el bebé:

  • Padres.
  • Abuelos.
  • Contactos domiciliarios.
  • Personal sanitario.
  • Cuidadores de guarderías.

Desde la sociedad explican que la vacunación de todos los futuros contactos domiciliarios de los bebés que vayan a ser amamantados hasta los seis o doce meses de edad debe realizarse, al menos, dos semanas antes del nacimiento del bebé.

Para proteger a un bebé desde el momento de su nacimiento, se recomienda la vacunación de todas las mujeres gestantes a partir de la semana 27 de embarazo, con el fin de transferirle anticuerpos a través de la placenta. Esta vacuna no afecta a la lactancia materna ni tampoco a la madre, ya que es una vacuna inactivada.

Tipos

En la actualidad no hay subtipos descritos para esta patología.

Diagnóstico

El diagnóstico de la tos ferina se basa en analizar el cuadro clínico de los síntomas. No obstante, si las manifestaciones no son obvias puede ser complicado establecerlo. De hecho, en bebés pueden confundirse los síntomas con los de la neumonía.

El diagnóstico definitivo puede obtenerse al analizar las secreciones nasales en el laboratorio.

Tratamientos

En los primeros días de la enfermedad los antibióticos pueden reducir los síntomas. Sin embargo, si el diagnóstico se realiza tarde, los antibióticos no serán tan efectivos.

En bebés menores de 18 meses la enfermedad puede llegar a ser mortal, por lo que es muy importante que estén constantemente bajo supervisión ya que en algunos casos pueden requerir ser hospitalizados.

Si al paciente le cuesta beber líquidos, se le puede administrar estos por vía intravenosa.

Los expectorantes, los antitusígenos y los jarabes para la tos no suelen ser eficaces y los especialistas desaconsejan su utilización.

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Otros datos

Según los datos del Ministerio de Sanidad, en España se registran algo más de 3.000 nuevos casos al año. La incidencia más alta se da en menores de un año y, en especial, en bebés de menos de dos meses, edad a la que se administra la primera dosis de la vacuna.

Pronóstico

En adolescentes y adultos el pronóstico suele ser muy bueno. Los bebés tienen mayor riesgo de complicaciones y de fallecer a consecuencia de la tos ferina, como ha ocurrido recientemente en Andalucía y en Cuenca, donde tres bebés menores de dos meses perdieron la vida a causa de esta enfermedad y un cuarto está ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Virgen de la Salud de Toledo.

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