Última actualización: Viernes 26 de Junio de 2015 - a las 11:45h

Fiebre tifoidea

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Qué es

La fiebre tifoidea es una enfermedad infecciosa sistémica que está caracterizada porque el paciente presenta fiebre elevada y síntomas abdominales causados por la infección de la bacteria Salmonella Typhi. “Puede afectar a cualquier persona que no esté inmunizada frente a la infección”, explica a DMedicina José María Marimón, microbiólogo y miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc), quien señala que la fiebre paratifoidea es similar a la tifoidea pero, en general, tiene un curso más benigno y está causada por la infección de la bacteria Salmonella Paratyphi.

Incidencia

En la actualidad, la incidencia de la fiebre tifoidea en España es muy baja. Además, la mayoría de los casos que se diagnostican suelen ser importados. Según las cifras que aporta el Servicio de Vigilancia Epidemiológica del Centro Nacional de Epidemiología (Instituto de Salud Carlos III), en el año 2013 se declararon en España únicamente 64 casos de fiebre tifo-paratifoidea, lo que representa una incidencia de 0,15 casos por 100.000 habitantes. Respecto a las diferencias entre la fiebre tifoidea y la paratifoidea, Marimón aclara que la fiebre tifoidea es, en general, bastante más prevalente.

Causas

La causa de la fiebre tifoidea es la infección por la bacteria Salmonella Typhi, mientras que la fiebre paratifoidea está causada por la infección por Salmonella Paratyphi. Tal y como indica José María Marimón, de la Seimc, la ruta de infección de ambas es por vía oral. “El ser humano es el único reservorio de la enfermedad. Por lo tanto, la infección sólo se adquiere al ingerir agua o alimentos contaminados por estas bacterias por las heces (raramente por la orina) de enfermos o portadores de la infección (transmisión fecal-oral)”.

Las bebidas y los alimentos que con más frecuencia pueden estar contaminados por la bacteria son la leche, el queso, los helados y otros derivados lácteos, los mariscos que crecen en lugares cercanos a puntos de eliminación de las aguas residuales, las verduras regadas con aguas fecales, los huevos, algunas carnes y el agua.

El contagio directo entre el enfermo y las personas de su entorno es posible, pero no frecuente. Las moscas también pueden actuar como transmisores.

Síntomas

Los síntomas de la fiebre tifoidea pueden oscilar desde manifestaciones leves hasta síntomas muy graves que, incluso pueden causar la muerte. “Inicialmente hay un periodo de incubación de entre una y seis semanas, normalmente 1 ó 2 semanas, tiempo que varía en función de las personas y la cantidad de bacterias ingeridas”, explica el microbiólogo José María Marimón.

El especialista indica que los síntomas se caracterizan fundamentalmente por una fiebre elevada y sostenida (39ºC-40ºC). Además, las personas afectadas por esta patología pueden presentar debilidad, dolor abdominal, dolor de cabeza y pérdida de apetito. “También es frecuente la hepatoesplenomegalia (aumento del tamaño del hígado y del bazo)”, matiza Marimón. “En algunos casos también aparece una erupción cutánea de manchas planas de color rosa. La diarrea, típica de la infecciones por el resto de serotipos de Salmonella (las conocidas salmonelosis) es poco frecuente en la fiebre tifoidea".

Prevención

Según el microbiólogo José María Marimón, existen dos maneras de prevenir la fiebre tifoidea: “Una, es no ingerir agua o alimentos contaminados con la bacteria. Para ello hay que beber agua potable y alimentos libres de la bacteria o bien cocinados, ya que el calor las destruye. Esta medida, además, puede ayudar a prevenir otras infecciones gastrointestinales”.

Así, el control de la manipulación de alimentos y la conservación de la comida y el tratamiento adecuado de las aguas residuales, con el fin de evitar la contaminación de las aguas de consumo, junto con la educación sanitaria de la población, pueden ser herramientas eficaces para prevenir el contagio de la fiebre tifoidea. Las medidas individuales son fundamentales:

  • Higiene básica, como lavarse las manos antes de comer.
  • No comer alimentos preparados en puestos callejeros.
  • No tomar bebidas con hielo de dudosa procedencia.
  • Abstenerse de tomar infusiones o té en lugares que no gocen de su confianza, a no ser que se hayan tratado correctamente o se hayan preparado con agua mineral.
  • No ingerir productos lácteos, excepto si está completamente seguro de que han sido pasteurizados.
  • Las verduras y hortalizas han de consumirse cocidas y cuando aún estén calientes. Si prefiere consumirlas crudas, debe sumergirlas previamente, durante al menos cinco minutos, en una solución de agua potable clorada con cuatro gotas de lejía de una concentración de 50 gramos de cloro por litro.
  • La fruta debe ser lavada antes de pelarla.
  • Los pescados y mariscos no deben consumirse crudos; deben ser hervidos al menos durante diez minutos antes de su consumo

La otra manera de prevenirlo es mediante la vacunación. “Hay dos tipos de vacunas frente a la fiebre tifoidea, una oral y otra inyectable. La protección que confieren no es permanente, por lo que se recomienda revacunarse a los tres años si se va a países donde la enfermedad aún es endémica”, aconseja Marimón.

Tipos

En la actualidad hay dos tipos:

Fiebre tifoidea

Este tipo se origina por la infección de la bacteria Salmonella Typhi.

Fiebre paratifoidea

Esta segunda está causada por la bacteria Salmonella serotipos Paratyphi A, B y C. El cuadro clínico causado por estos tres serotipos es similar al de la fiebre tifoidea aunque, en general, este tipo es más benigno. En la actualidad no existe vacuna para ellos.

Diagnóstico

Aun cuando los síntomas y la historia de la enfermedad de la persona pueden sugerir fiebre tifoidea, el diagnóstico debe ser confirmado.

“Las fiebres tifoidea y paratifoidea se diagnostican por cultivo bacteriano”, explica José María Marimón, de la Seimc. “Para conseguirlo aislamos la bacteria, habitualmente en la sangre del paciente infectado aunque también se puede cultivar en otras muestras como las heces, bilis o la medula ósea, entre otros”.

Pruebas

Para que el diagnóstico de la enfermedad sea concluyente los pacientes tienen que realizarse pruebas. Las más recomendables son el hemocultivo y el coprocultivo. Otras pruebas, como las serológicas, son poco específicas y están en desuso en la actualidad.

Tratamientos

El tratamiento de la fiebre tifoidea debe seguirse siempre bajo supervisión médica. “Aparte de las medidas generales de adecuada nutrición e hidratación existe un tratamiento específico con antibióticos”, señala Marimón. “Normalmente se utilizan fármacos como las  fluoroquinolonas, las cefalosporinas de tercera generación o las azitromicinsa. Para eliminar el estado de portador se utiliza principalmente ciprofloxacino”.

La convalecencia puede durar varios meses, pero los antibióticos disminuyen la gravedad y las complicaciones de la fiebre tifoidea, así como la duración de los síntomas.

Durante la terapia es necesario que la persona se alimente con frecuencia debido a las hemorragias intestinales u otras alteraciones del tracto digestivo. En ciertos casos debe administrarse alimentación por vía intravenosa hasta que el paciente pueda digerir los alimentos.

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La detección precoz es fundamental para evitar el contagio. En esas circunstancias los expertos recomiendan aislar los objetos que estén en contacto con el paciente. Algunas recomendaciones que pueden seguir son lavar aparte la ropa y los útiles de vajilla utilizados por el enfermo sumergiéndolos en una solución con 200 mililitros de lejía por cada cinco litros de agua o, si dispone de lavadora y lavavajillas, utilizar un programa de lavado con temperaturas superiores a 80 grados.

Pronóstico

En ausencia de tratamiento antibiótico la fiebre puede persistir durante semanas o meses y un porcentaje importante de los afectados puede morir como consecuencia de las complicaciones de la enfermedad. Según el microbiólogo José María Morimán, en la era preantibiótica la mortalidad de esta enfermedad se cifraba en torno al 15 por ciento de los afectados. Sin embargo, si el paciente recibe una terapia con antibióticos, la cifra de mortalidad se reduce por debajo del 1 por ciento de los casos.

¿Cuándo es recomendable que el paciente acuda al especialista?

Dado que los síntomas de la infección san bastante inespecíficos y que en España está enfermedad es una infección poco frecuente, Morimán señala que debería estudiarse en el caso de una persona con fiebre que haya realizado en los últimos meses un viaje por zonas donde aún la enfermedad es endémica. “Actualmente la fiebre tifoidea es endémica en muchas zonas en vías de desarrollo como el subcontinente Indio, Sudeste asiático, América Central y del Sur y África”, apostilla.

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