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Conforme pasa el tiempo, las arrugas y la falta de firmeza van apareciendo en el rostro. "La edad de una persona se adivina a través de una impresión global en la que se valoran: posturas, expresiones o cambios biológicos", explica Isabel Bielsa, dermatóloga del Hospital Trías y Pujol en Barcelona. Las arrugas son las evidencias de habernos reído a carcajadas, haber fruncido el ceño o de haber estado preocupados, pero, como explica Bielsa, las emociones no son la única causa, puesto que los genes de la longevidad o los cambios metabólicos también se encuentran entre los factores que las provocan.
Irene Méndez - Jueves, 23 de Diciembre de 2004 - Actualizado a las 00:00h.
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El inicio del envejecimiento se da en mayor medida a partir de los 50 años: "Cae el músculo orbicular, el que se encuentra debajo del ojo, así como la grasa de debajo de las mejillas. A esto se suma la caída del músculo de la barbilla, lo que hace que se pierda la línea mandibular inferior".
Hoy en día se sabe cuál es el proceso de formación de las arrugas, y por tanto, dónde hay que dirigir los esfuerzos dermatológicos para luchar contra ellas.
La piel está constituida en un 80 por ciento (del peso seco de la dermis) por fibras de elastina y colágeno. Estas se combinan para asegurar la adecuada firmeza de la dermis, haciendo presión desde dentro. Su función, la de pilares de un techo que es nuestra piel, es la que confiere la tersura y firmeza a nuestro rostro. De manera regular estas fibras se van autorrenovando, gracias a un proceso bien organizado de destrucción de las viejas fibras y producción de fibras nuevas.
"El problema surge con el tiempo. La producción de las fibras de colágeno y elastina va disminuyendo, al tiempo que las enzimas encargadas de destruir fibras, las colagenasas y las elastasas, aumentan su actividad. Esto lleva a la pérdida de casi la mitad de la reserva de las fibras, y por tanto, se debilita la presión interna de la piel", han explicado farmacólogos de Vichy, durante la presentación de la crema Lifactivpro. De ahí que las últimas investigaciones se hayan dirigido a encontrar un complejo activo que sea capaz de reconstituir la reserva de fibras, como el fibrocyclamide. Este compuesto estimula la formación de nuevas fibras y anula la actividad de las enzimas destructoras del colágeno y la elastina, favoreciendo así la renovación de la piel desde dentro.
Los cambios en la flora intestinal podrían ser indicadores muy valiosos para determinar el riesgo o para ayudar a diagnosticar algunas enfermedades.