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Espasmo del llanto: cuando el niño no respira

Muchos padres han asistido con angustia a los llamados espasmos del sollozo de sus hijos. Son episodios que sufren niños aparentemente sanos y que se manifiestan con un cese de la respiración cuando el pequeño rompe a llorar. A pesar de que estas crisis parecen graves, no lo son, aunque sí requieren una reacción adecuada por parte de los padres.

15/11/2002 00:00

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Un 5 por ciento de los niños sufre el espasmo del sollozo o espasmo del llanto. Afecta a niños y niñas por igual, sobre todo entre el primer y el segundo año de vida hasta los 5 años, aunque puede aparecer antes de los 6 meses y perdurar en edades posteriores (7 años).

La secuencia es bastante típica: el niño rompe a llorar de forma brusca y después de algunos movimientos respiratorios durante el llanto, entra en apnea (interrupciones de la respiración) y en ocasiones, se queda inmóvil.

A continuación, dependiendo del tipo de espasmo, el niño se recupera o bien continúa con el episodio poniéndose unas veces pálido y otras cianótico (azulado). A veces puede llegar a perder el conocimiento e incluso presentar una convulsión.

Todo este episodio no dura más de un minuto, al cabo del cual el niño respira espontáneamente con o sin llanto y recupera la conciencia, si la perdió. Puede entrar en un profundo sueño o volver a su actividad normal, como si no hubiese pasado nada. En las horas siguientes, es muy raro que se repita esta crisis.

En busca de la causa

La doctora Julia Leal, especialista del Hospital Infantil La Paz, de Madrid, explica que “las causas no se conocen de forma exacta, pero la edad de presentación del espasmo coincide con el inicio de la etapa de desarrollo psicológico del niño de separación-individualización, en la que por un lado, el pequeño precisa autoafirmarse para poder iniciar esa separación y por otro, siente temores y angustia”.

Según apunta Leal, depende de cómo ese niño elabore sus temores y de cómo reaccione el entorno familiar, así podrá contener sus propias emociones de ira, rabia, miedo, angustia. El espasmo del sollozo sería pues “una reacción ante un estímulo que le produce ansiedad fuerte, que él no es capaz de asimilar”. También puede ser que el niño “aprenda” este comportamiento como un medio de reclamar más atención. “Con el tiempo desaparecerán estos episodios y nadie se acordará de ello, el niño seguirá sano. Algunos pueden tener mayor propensión a sufrir síncopes de mayores, pero el episodio no deja secuelas, siempre que el diagnóstico esté hecho correctamente”.

Ante todo, mucha calma

La doctora recalca que “el espasmo del sollozo no es una enfermedad, ni tampoco un síntoma de ninguna patología subyacente. No existe relación entre estas crisis y la muerte súbita del lactante, que generalmente se produce en silencio mientras el niño duerme, ni con otras muertes inesperadas”.

De ahí que la tranquilidad de los padres sea la mejor estrategia ante los episodios, así como la única medida para prevenirlos. “Es importante que los padres sepan que el niño no corre ningún riesgo vital y que los episodios desaparecerán sin dejar secuela”, explica Julia Leal. La especialista recomienda las siguientes pautas:

  • Durante la crisis, hay que conservar la calma para no aumentar la angustia del niño. Ante todo, evitar golpearle, echarle agua o gritar. Nunca dramatizar la situación.

  • Hay que abrazarle para transmitirle seguridad a través del contacto físico, hablarle suavemente con palabras cariñosas, infundirle confianza, llevarle a un lugar tranquilo.

  • En caso de pérdida de conciencia, mantenerle en un lugar bien ventilado y asegurarnos de que sus vías aéreas (boca, nariz, garganta) están libres.

  • Tras las crisis, habría que analizar las situaciones que las desencadenan (frustraciones, amenazas de separación, sustos, exigencias desmedidas, conflictos por celos). Una vez vistas las situaciones, resulta conveniente evitarlas en la medida de lo posible.

  • Los padres tienen que encontrar un equilibrio en la relación con los niños: no deben sobreprotegerlos, porque pueden recurrir al espasmo como una manera de manipulación, pero también hay que darle toda la atención que demandan, para que no recurran a estos episodios para conseguirla.

  • No existen tratamientos médicos, puesto que no es una enfermedad. El pediatra dará unas pautas de comportamiento a los padres. Existen dos tipos de espasmo: el cianótico (azul) y el pálido. Ambos remiten sin secuelas, pero si se trata de las formas pálidas puede ser necesario recurrir a pruebas adicionales.

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