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Exceso de amígdalas

Los niños que tienen las amígdalas excesivamente grandes son más propensos a roncar cuando duermen. Esta alteración del sueño favorece la falta de concentración durante el día, la irritabilidad e incluso el retraso en el crecimiento. Una novedosa técnica con láser puede acabar con este trastorno y sus consecuencias, reduciendo el tamaño de estos órganos sin dolor.

Sonia Moreno   |  18/05/2004 00:00

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Las continuas infecciones e inflamación de las amígdalas (anginas) pueden justificar una extirpación de este órgano. Sin embargo, cada vez son menos los niños que tienen anginas de forma continuada y en cambio, aumenta el número de pequeños con un excesivo tamaño de las amígdalas (hipertrofia amigdalar) sin que se conozca la causa, aunque se sospecha que pueda influir la contaminación.

La hipertrofia amigdalar tiene como principal consecuencia los ronquidos nocturnos. Se estima que un 10 por ciento de los niños ronca y en la mayoría de los casos, esto se debe al excesivo tamaño de sus amígdalas o de las vegetaciones.

Según explica el otorrinolaringólogo del Centro Médico Teknon, de Barcelona, el doctor Jordi Coromina, “los niños que roncan de noche, duermen mal y esto les provoca trastornos en la conducta. Un reciente estudio publicado en la revista ‘Pediatrics’ demuestra que una parte importante de estos pequeños son hiperactivos, se muestran irritables e inquietos y tienen problemas de atención”.

Además, un 2 por ciento de estos niños que roncan también sufre apneas (interrupciones breves de la respiración) y esta condición se asocia a un retraso en el crecimiento. “Esto se explica porque durante la fase REM del sueño, cuando soñamos, los niños fabrican hormona del crecimiento. Con las apneas se acorta este periodo REM, lo que disminuye la producción de la hormona y, por tanto, retrasa la altura y el peso”.

Junto con los cambios de conducta y el retraso en el crecimiento, la hipertrofia amigdalar, que normalmente se acompaña de vegetaciones, obliga a los niños a respirar por la boca y produce lo que se denomina mala oclusión, es decir, una mala mordida, dejando los dientes superiores más adelantados que los inferiores.

Solución rápida y eficaz

Una técnica relativamente reciente permite corregir este problema de excesivo tamaño de las amígdalas, revirtiendo también sus consecuencias. Se trata de la cirugía por láser de CO2, que a pesar de llevar en España unos dos años, promete convertirse en un futuro en la solución generalizada de las amígdalas hipertróficas.

Frente a la técnica convencional de extirpar las amígdalas por cirugía, el láser es una intervención que no duele apenas, tampoco produce hemorragias y además se reduce el tamaño sin necesidad de extirpar totalmente las amígdalas, con lo que no se prescinde de la función de estos órganos (fabricar anticuerpos o defensas para proteger de organismos nocivos ingeridos e inhalados).

“Con este procedimiento podemos reducir el tamaño de las amígdalas en un 80 por ciento, prácticamente sin dolor, sin riesgo de hemorragia y sin límite de edad. Hay que recordar que la intervención clásica está contraindicada en menores de tres años”.

El especialista destaca que los resultados de la intervención son excelentes: “A los tres días de operarse, el niño que sufría apneas y roncaba, deja de hacerlo. Si la única causa de su falta de atención y de su irritabilidad era el problema de sueño, estos comportamientos empiezan a remitir. Además, a los seis meses, el que tenía retraso de crecimiento alcanza su altitud y peso normales y en cuanto a las alteraciones por la mala oclusión, depende del momento en que intervengas, si es pronto ni si quiera será necesario recurrir a la ortodoncia”.

Procedimiento

En el Centro Teknon, pionero en el empleo de esta técnica con láser, el procedimiento es muy sencillo. “El niño acude por la mañana, se le aplica una anestesia general y la intervención dura media hora. Generalmente, el paciente también presenta una hipertrofia de las vegetaciones, que extraemos con cirugía convencional. Después, con el láser de CO2 disparamos sobre la amígdala y la vamos deshaciendo. Es lo que se denomina vaporización del tejido. El láser produce una temperatura muy alta en las células y deshace las proteínas hasta que la célula desaparece”.

Tras la intervención, el niño se va a su casa. Los únicos cuidados especiales son no ir al colegio durante dos días, hacer dieta blanda tres o cuatro y acudir a la revisión médica transcurrida una semana. La intervención suele ascender a los 2.100 euros, incluyendo todo.

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