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La estimulación precoz, vital en la educación del niño sordo

El niño sordo ha perdido un tiempo precioso mucho antes de su nacimiento. El feto oye dentro del vientre de su madre. No entiende, pero sí recibe estimulación auditiva que le ayudará en el futuro a comunicarse. Mientras tanto, un sordo se empieza a desarrollar en un mundo de silencio, lo que le dificultará la adquisición los conceptos que son la base del lenguaje.

Alberto Bartolomé. Especial de Diario Médico para Ondasalud.com   |  02/10/2002 00:00

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"De cero a tres años es el periodo crítico de desarrollo. Las edades tempranas son el momento de mayor plasticidad cerebral, porque es cuando se sientan las bases del desarrollo comunicativo y la adquisición de lenguaje, así como de la maduración de la percepción auditiva y de las capacidades cognitivas", explica María de los Angeles Figueredo, inmunóloga del Hospital Clínico de Madrid, y presidenta de la Federación Española de Asociaciones de Padres y Amigos del Sordo (Fiapas).

Para empezar el trabajo de estimulación lo antes posible es fundamental el diagnóstico precoz. Inicialmente la prueba para detectar la sordera se empezó haciendo en grupos de riesgo: prematuros, bebés con la bilirrubina alta, nacimientos perinatales o meningitis, "pero hace un par de años se llegó a un consenso europeo que recomendaba realizar las pruebas en todos los nacidos", comenta Figueredo, que afirma que durante los primeros años de vida el niño es una esponja. Si no recibe estimulación auditiva se está perdiendo un tiempo valioso. Para conseguir el cuidado completo, Figueredo pide centros de referencia que reúnan a otorrinos, logopedas, audioprotesistas y psicopedagogos, que diagnostiquen, implanten y realicen un seguimiento detallado de cada niño.

Diagnóstico precoz

El pequeño debe ser diagnosticado de una forma detallada. No todos los sordos son iguales, y dependiendo de su nivel de audición y del estado del oído se recomendará un audífono o se tendrá en cuenta la posibilidad de un implante coclear. Una vez que se conoce el alcance de la sordera, tiene que ponerse en manos del logopeda y colegios especializados para comenzar lo antes posible su educación. Conseguir que un sordo comience a hablar, aunque tengas carencias auditivas, no es fácil. No basta con colocarle un audífono o un implante, sino que tiene que reconocer los sonidos que escucha como palabras, y asociarlas a un significado.

"El implante es el primer paso de otros muchos. El niño debe ser reeducado por unos profesionales que tienen que enseñar a oír. Deben dar las claves para que el niño interprete los estímulos que recibe hasta que lo haga por su cuenta".

Hace unos años no se implantaba a niños pequeños, pero se vio que cuanto antes se colocaba, mejor era la respuesta a la rehabilitación, y más rápida la adquisición de lenguaje.

Sin embargo, no todos los deficientes auditivos son iguales. La hipoacusia puede ser desde leve -con umbrales auditivos situados entre 20 y 40 decibelios, hasta la profunda, con una pérdida auditiva superior a 90 decibelios. Cada una requiere un tratamiento individualizado. "Actualmente casi todos los niños sordos pueden lograr una audición funcional al cabo de dos o tres años de entrenamiento gracias a los audífonos y a los implantes", explica Adoración Juarez, directora del colegio Tres Olivos de Madrid, dedicado a la integración de sordos.

Para conseguir que el niño aprenda a comunicarse se le dan al principio todas las herramientas de comunicación disponibles para que desarrolle su capacidad cognitiva. "Se le ofrecen técnicas de comunicación total, que incluye lengua de signos, lectura labial y sistemas de palabra complementada". Figueredo explica que "tradicionalmente los sordos han utilizado el lenguaje de los signos para comunicarse y siempre existe esa opción. Pero si empiezan a expresarse con signos nunca llegarán a aprender bien la lengua oral".

Desde Fiapas se piensa que es importante acceder a la lectoescritura desde la oralidad. Cuanto más precozmente se realice, mayores éxitos se cosechan. "El niño al leer debe comprender. Es la gran prueba de fuego para comprobar si su educación ha servido".

Diferenciar 'papá' de 'mamá'

El lenguaje escrito tiene como base el oral. "Es un cambio de modalidad, de sonidos frente a grafías", afirma Santiago Torres Monreal, miembro del Grupo de Investigación en Psicolingüística de la Universidad de Málaga. "El fracaso lector es el principal lastre de la educación del sordo, lo que está muy relacionado con su desconocimiento de la lengua oral".

Para que se acceda más fácil al oralismo, Torres ha desarrollado el Modelo Oral Complementado (MOC), que se apoya en la vista para hacer más claro el lenguaje y evitar la ambigüedad de la lectura labial. Son ocho códigos manuales que permiten al niño diferenciar mediante gestos las palabras que son muy similares en los labios como mamá y papá, "así el bebé percibe el habla".

La ventaja del MOC frente a otros modelos está en el aprovechamiento del marco familiar. "Ponemos énfasis en la detección, la estimulación temprana y la devolución del protagonismo a los padres". Se ha demostrado que el uso sistemático y temprano del MOC durante los tres primeros años de vida produce diferencias significativas en el conocimiento implícito del lenguaje.

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