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La personalidad violenta no nace, se hace

La televisión funciona muchas veces como herramienta de aprendizaje para los más pequeños de la casa. Es frecuente la preocupación de los padres por el contenido en ocasiones excesivamente violento de programas que en teoría están destinados al público infantil. Pero, ¿hasta qué punto estas conductas violentas afectan al desarrollo del niño?

Pilar Berengena   |  16/05/2003 00:00

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¿Nacemos agresivos o nos hacemos agresivos? La agresividad es un rasgo innato del ser humano, es la propio biología la que nos hace ser violentos. Sin embargo, el entorno en el que nos desarrollamos, la cultura y la educación que recibimos nos orienta más hacia un lado u otro de la balanza.

Según el doctor Paulino Castells, psiquiatra infantil y juvenil, "el niño propenso a comportarse de forma violenta selecciona programas más violentos, así puede recrear en su imaginación algunas fantasías aberrantes que le vienen configuradas por lo que ve. Es decir, lo que ve le da idea de cómo dar rienda suelta a su propensión a la violencia: la televisión enseña, pues, a los más agresivos cómo ejercer la violencia". Sin embargo, el niño que vive en un ambiente familiar estable, en el que recibe cariño, que tiene amigos y que no tiene problemas escolares, ese será un niño que muy difícilmente desarrollará una conducta violenta.

Obviamente, no todos los niños y adolescentes son candidatos a volverse violentos contemplando la violencia televisiva. Se podría decir que "no se hace violento quien quiere, sino quien puede", añade Castells. El niño que presenta una baja autoestima, que tiene pocos amigos, que miente, que sufre fracaso escolar y maltratos físicos y psicológicos por parte de los padres, que no es capaz de controlar sus impulsos y que consume drogas legales, reúne todas las características del perfil para ser propenso a volverse violento.

En los niños abocados y al riesgo, el límite fronterizo entre la realidad real y la virtual que ven en la pantalla está difuminado o es totalmente inexistente. Incluso para algunos chavales la violencia que ven en la televisión es mucho más suave que la que ellos viven. Además, todo estos hechos se agravan "con la frustración de no poder realizar sus aspiraciones, ni alcanzar la alucinante oferta hedonista de los medios de comunicación", señala el doctor.

Dar la vuelta al calcetín
Luchar contra el bombardeo de agresividad que lanzan los canales de televisión y que ahora se ve acrecentado por la proliferación de los viodeojuegos parece una tarea casi imposible para los padres y educadores. Lo que propone Paulino Castells se conoce como "dar la vuelta al calcetín". "Partiendo de la base de que la violencia que carece de sentido descoloca al espectador, y sobre todo si es menor, porque le deja sin puntos de referencia, sin protección, se trata de buscarle sentido a la violencia".

Es fundamental cambiar la idea de proximidad por la de disponibilidad, es decir, que el niño sienta que aunque el padre o la madre no estén cerca en todo momento sí que están ahí (aunque no sea físicamente) para que les expliquen aquellas cosas que les preocupan o les asusta. "Si por ejemplo, el niño está viendo la televisión y se muestran imágenes de la guerra de Irak, es muy importante que todas las dudas que le surjan al respecto pueda, en ese momento o posteriormente, consultarlas con un mayor que le haga comprender el porqué de lo que está viendo", explica Castells. Transformar las imágenes violentas que muestra la pantalla en

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