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La sobreprotección de los niños consolida la 'teoría de la higiene'

Una de las consecuencias negativas que el desarrollo está ocasionando en los países más avanzados es la aparición de cuadros alérgicos a nuevas sustancias que a diario afectan a la población de esos territorios.

Redacción   |  03/05/2004 00:00

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Un ejemplo claro es la teoría del estrés de las plantas, que para defenderse de un medio ambiente más hostil segregan proteínas nuevas a las que el hombre se tiene que ir sensibilizando. "Las plantas que producen pólenes en el aire crean proteínas de estrés, que son mucho más sensibilizantes. Por eso, cada día hay más sustancias nuevas que pueden producir alergia", ha explicado Consuelo Martínez Cócera, jefe del Servicio de Alergias del Hospital Clínico San Carlos, de Madrid. Sin embargo, para los países subdesarrollados se trata de una patología secundaria y nimia, entre otras cosas, porque sus ciudadanos tienen que protegerse y solucionar contratiempos de primera necesidad como la calidad de las aguas o la higiene de los alimentos.

Otra visión
La obsesión en los países desarrollados por proteger a los más pequeños frente a todo tipo de infecciones ha favorecido la consolidación de la teoría de la higiene. "El paso del tiempo va afianzando la idea de que la excesiva protección que se presta hoy a los niños les termina perjudicando. Tienen menos contacto con sustancias como la enterotoxina o cualquier otra toxina extraña de la que se tengan que defender. Por eso mantienen el mismo nivel de inmunoglobulina o del anticuerpo correspondiente que el que tenían al nacer".
La teoría de la higiene establece, según los expertos, una relación doble y contradictoria entre patologías alérgicas e infecciosas. Epidemiológicamente se está constatando que ciertas infecciones pueden actuar en determinados momentos de la vida como agentes desencadenantes de patologías alérgicas, a la vez que se está percibiendo que algunas infecciones entre los bebés desempeñan un papel protector frente al desarrollo de estos procesos.
Según Martínez Cócera, los antecedentes familiares influyen mucho: "Son niños que tienen una notable predisposición natural, ya que su organismo está acostumbrado a no luchar contra sustancias extrañas. Al nacer cuentan con un número mayor de células que producen el anticuerpo IgE y su tendencia es a mantener ese nivel. Son pequeños que rápidamente desencadenan cuadros alérgicos a los alimentos, dermatitis atópica, etc. hasta padecer asma bronquial o rinitis alérgica". Este proceso se conoce como la marcha atópica o marcha del alérgico.

Cuidado natural
Para hacer frente a esta tendencia, la especialista ha insistido en la necesidad de que los niños reciban unos cuidados normales: "No se puede tener todo esterilizado ni tratar de que vivan como en una burbuja que les protege de la más mínima contaminación exterior". Los pequeños tienen que salir a la calle, tener contacto con lo que les rodea, con otros niños. "Si se les mantiene en un entorno estéril y se les aparta de todo lo que pueda ser susceptible de contagio, su sistema inmunológico no va a madurar correctamente".
Según Martínez, "está demostrado que el hecho de que el entorno que rodea a los niños no sea tan estéril le protege un poco frente a la marcha del alérgico que parece inexorable".
La labor de los pediatras para evitar que los progenitores terminen cayendo en la teoría de la higiene es muy importante. "Creo que están bien informados. Llevamos varios años hablando sobre este problema porque no hay que fomentar la sobreprotección. El niño tiene que desarrollar su propia inmunidad".
Además, Martínez ha añadido que "este problema es más frecuente entre hijos únicos que en núcleos familiares con tres o cuatro niños. En este caso, cuando uno empieza a ir a la guardería y coge alguna infección la transmite al resto".

Patología autoinmune
La teoría de la higiene ha servido para explicar algunos casos de autoinmunidad, según un estudio del Instituto de Investigación Scripps, en California. Los expertos concluyen que las infecciones bacterianas en la infancia protegen frente a enfermedades autoinmunes, como la diabetes tipo 1 o la artritis reumatoide. Además, ofrecen una nueva vía para la posible prevención de las patologías autoinmunes. La clave estaría en estimular el sistema inmunitario preparando a los sujetos con gérmenes. El equipo coordinado por Nora Sarvetnick apunta que la causa de la autoinmunidad es un fallo en conseguir una respuesta adecuada a la infección. Esta respuesta hace que aparezca linfopenia. Si el organismo detecta bajos niveles de células T, se produce una expansión homeostática, un mecanismo que no se había asociado con la inmunidad. "Cuanto más limpio es uno, menos estimula su sistema inmune. En los sujetos más higiénicos, su inmunidad tiende a estar incompleta, lo que favorece la aparición de enfermedades", según Sarvetnick.

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