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¿Tu hijo se arranca el pelo?

El arrancamiento de cabello o tricotilomanía es un acto compulsivo poco corriente, pero difícil de tratar. Este trastorno es más habitual en los niños que en los adultos y puede provocar un aislamiento social, por lo que es importante detectarlo cuanto antes y acudir a un especialista.

Nuria Calle   |  02/10/2002 00:00

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La tricotilomanía, también llamada tricología, está considerada como un trastorno del control de los impulsos. Este desorden consiste en arrancarse el pelo de forma recurrente lo que da lugar a una pérdida perceptible de pelo. La parte más afectada suele ser la cabeza, pero puede abarcar distintas partes del cuerpo como las cejas, las pestañas, las axilas o el pubis. El pelo queda con apariencia de haber sido comido por polillas.

La edad más común de aparición de esta alteración se sitúa entre los 3 y los 7 años. “Este problema se presenta muy raramente en los adultos, ya que es un trastorno evolutivo que tiende a desaparecer con la edad”, explica Jerónimo Sáiz, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid. En el caso de los niños las zonas de calvicie se suelen concentrar en la cabeza, ya que sienten menos vergüenza. Por el contrario, los adultos se arrancan el pelo de zonas menos visibles.

Las personas con este trastorno siguen un proceso ritualista. Inmediatamente antes de arrancarse el pelo sienten una tensión creciente, y después experimentan una sensación de bienestar y gratificación generada por la ligera molestia que resulta del tirón. Tras de arrancarse el cabello algunos se lo llevan a la boca, otros juegan con él haciendo bolitas o lanzándolo al aire, también pueden romperlo en trozos más pequeños y hacer un montón. Este comportamiento les proporciona alivio y relax. Ver la televisión, leer, escribir o el momento antes de dormir son situaciones que favorecen el arrancamiento del cabello.

Causas

“La tricotilomanía no es común, pero es difícil de tratar. Tiene una repercusión muy grande en el bienestar del paciente y en su dimensión social, ya que dificulta sus relaciones interpersonales” advierte María Jesús Mardomingo, jefe de la Sección de Psiquiatría Infantil del Hospital Gregorio Marañón, de Madrid.

Según Mardomingo “no existe una única causa que origine este trastorno, se trata de un conjunto de factores causales. Estos pueden ser de tipo genético -pacientes que tienen familiares con trastornos de los impulsos-, temperamentales –personas con dificultades de regulación de conducta- o factores desencadenantes como situaciones de estrés”.

El pediatra Roberto Murguia Pozzi aclara que entre estos factores desencadenantes se encuentra la descarga de tensión emocional generada por un ambiente donde a los niños no les es posible ser agresivos. También puede ser una reacción a la presión que ejercen los padres y los maestros para un mayor rendimiento escolar.

Está totalmente contraindicado castigar al niño o cortarle el pelo al rape ya que esta medida es agresiva y puede aumentar su angustia. Es importante hablar con el pediatra o el médico de atención primaria para que realice un seguimiento del niño y en caso de observar que el problema persiste le derive a un psiquiatra infantil.

El tratamiento de la tricotilomanía pasa por conseguir un cambio de conducta que implica aprender a controlarse. Para llegar a este estado es necesaria una psicoterapia para comprender por qué surge el trastorno. Asimismo es necesario proporcionar a los padres toda la información posible para entender en que consiste este desorden. A veces, la tricotilomanía presenta una sintomatología depresiva, por lo que puede ser necesario un tratamiento farmacológico.

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