El cáncer de vejiga se manifiesta en el cuerpo humano a través de alteraciones al orinar. Si una persona siente dolor al orinar, lo hace de forma exageradamente frecuente o tiene sangre en la orina, debe dirigirse al médico para ser examinada. No obstante, estos síntomas por sí solos no implican necesariamente que la persona que los padezca tenga cáncer de vejiga. El urólogo (médico especializado en enfermedades de las vías urinarias) es el único que puede detectar (diagnosticar) el cáncer de vejiga a través de un examen físico.
El cáncer de vejiga tiene cuatro síntomas principales:
Para averiguar su causa, el especialista pregunta sobre el historial médico del paciente y realiza un examen físico. El chequeo físico incluye un examen vaginal o rectal que permitirá detectar tumores, protuberancias, hinchazones o malformaciones mediante palpaciones directas. Además, se analizan en el laboratorio muestras de orina para comprobar si contienen o no células cancerosas. El médico utiliza un instrumento para mirar directamente dentro de la vejiga, procedimiento conocido como cistoscopia, que puede realizarse con anestesia local o general. Consiste en examinar la vejiga mediante un tubo delgado y con iluminación (llamado cistoscopio), que se introduce en la vejiga a través de la uretra. Además, con este instrumento existe la posibilidad de recoger muestras de tejido para que sean analizados al microscopio por un patólogo, que puede detectar la presencia de células cancerosas. A este tipo de procedimiento se le llama biopsia y, en muchos casos, es la manera definitiva de diagnosticar un cáncer.
Otra técnica utilizada para la diagnosis del cáncer de vejiga es la llamada pielografía intravenosa, que es una radiografía que se realiza después de aplicar al paciente una inyección de colorante que contiene yodo y que, al mezclarse con la orina, permite ver la vejiga con mayor claridad.
Etapas del cáncer de vejiga
Una vez se ha diagnosticado el cáncer de vejiga, el médico necesita saber el grado del cáncer y la etapa de desarrollo en la que se encuentra.
El grado: Indica el parecido o la diferencia que existe entre las células normales y las cancerosas, y da idea de la rapidez con la que posiblemente vaya a crecer el cáncer. Cuánto menor sea el grado, más aproximadas a la normalidad serán y, probablemente, el crecimiento y extensión será más lento que si el grado es mayor.
La etapa: Es una medida de la localización y extensión a la que ha llegado el cáncer y determina qué otras partes del cuerpo han sido afectadas. La etapa de un cáncer puede determinarse en el mismo momento de la diagnosis, o pueden ser necesarias otras pruebas.
El estado: El estado del cáncer va desde la etapa 0 o carcinoma in situ (cuando el cáncer sólo aparece en el recubrimiento interno de la vejiga) hasta la etapa 4 (cuando el cáncer ha invadido el abdomen, pelvis o ganglios linfáticos de la zona). Un sistema de determinación del estado de desarrollo del cáncer de vejiga, bastante utilizado, es el llamado sistema TNM:
- La letra T (Tamaño) seguida de un número del 1 al 4 describe el grado de la invasión del tumor dentro de la pared de la vejiga y en los tejidos circundantes. Cuánto más alto es el número que acompaña a la T, mayor es la extensión de la invasión.
- La letra N (Nódulo) seguida de un número del 1 al 3 indica si el cáncer se ha extendido a los ganglios linfáticos próximos a la vejiga y cuánto han crecido dichos ganglios. Los ganglios linfáticos contienen células del sistema inmunitario que defienden el organismo de las infecciones y los tumores.
- La letra M (Metástasis) seguida de un 0 o un 1 indica si el cáncer se ha extendido a órganos distantes (pulmones, huesos, etc...) o a ganglios linfáticos que no están en las proximidades de la vejiga. La elección del tratamiento para que un paciente se recupere depende del estado evolutivo en el que se encuentre la enfermedad. En función de la expansión de las células cancerosas, el cáncer de vejiga estará en una u otra de sus 5 etapas.
Etapa 0 (carcinoma in situ). Cuando el cáncer se encuentra sólo en la parte del recubrimiento interno de la vejiga, es decir, a su capa más superficial. En este caso, cuando el tratamiento ya ha surtido su efecto y el cáncer ha sido extraído, la vejiga ya no presentará ninguna hinchazón.
Etapa I. En este caso las células ya se han diseminado por la capa interna de la vejiga sin llegar a expandirse por su capa muscular.
Etapa II. Cuando las células cancerosas se han expandido por la parte interior de la vejiga y en la capa interior de los músculos.
Etapa III. Momento en el que las células malignas se han expandido por la capa interior de la vejiga, la pared muscular, la capa de alrededor, e incluso por los órganos reproductores cercanos. En este caso el médico podrá palpar una hinchazón en la parte afectada después de la intervención para extraer las células malignas.
Etapa IV. No se trata de una etapa propiamente dicha, sino que se refiere al cáncer que reaparece después de haberse tratado. Esta reaparición se puede producir en la vejiga o en otras zonas del cuerpo.