La flatulencia consiste en la distensión de estómago o intestinos debido a la acumulación de gases. Estos pueden tener origen gástrico o intestinal. En el primer caso se eliminan mediante eructos, y en el segundo se expulsan por vía anal. La acumulación de gases provoca la dilatación de las paredes gástricas, intestinales y abdominales, lo que provoca hinchazón y molestias que, en ocasiones, pueden ser graves.
Algunos alimentos ricos en fibra, carbohidratos, celulosa, proteínas y grasas, junto con las bebidas gaseosas, pueden provocar la acumulación de gases en el estómago y el intestino. También pueden tener su origen en ciertos fármacos o en patologías digestivas moderadas o severas, como las úlceras gástrica y duodenal y la dispepsia intestinal. Sin embargo, ciertos factores relacionados con la calidad de vida, como el estrés, la ansiedad o el nerviosismo, favorecen la aceleración el ritmo intestinal y una mayor deglución de aire. El estreñimiento también influye en la acumulación de gases, ya que las heces acumuladas los generan.
Siempre que la acumulación de gases no tenga su origen en una patología concreto o en la administración de ciertos fármacos, la mejor manera de combatirla es la dieta. Los medicamentos destinados a paliar los casos graves de flatulencia (metoclopramida, dimeticona, etc.) deben emplearse bajo supervisión médica siempre y cuando la modificación de los hábitos alimenticios no haya aliviado los síntomas. Las recomendaciones dietéticas son: