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Miércoles, 6 de Octubre de 2004 - Actualizado a las 00:00h.
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Entrar en una residencia implica siempre romper con lo que te rodea, con los recuerdos y retazos de tu vida. Por eso es una decisión difícil de tomar tanto para el anciano como para la familia, expone Guillermo Pascual y Barlés, jefe del Departamento Geriátrico de la Unidad de Demencias del Centro Neuropsiquiátrico Nuestra Señora del Carmen, en Zaragoza.
El experto indica que la decisión de entrar en una residencia suele tomarse en un momento crítico de la vida o en una circunstancia de soledad.
Sin embargo, vivir en una residencia puede terminar siendo una experiencia muy positiva, que compartes con otras personas en tu misma situación. A veces las residencias se convierten en un núcleo de reunión de soledades.
Casi un 70 por ciento de los ancianos se encuentran deprimidos cuando llegan a la residencia. El doctor Pascual matiza que esta depresión involutiva se produce antes de ingresar en la residencia, consecuencia de una crisis personal, en la mayoría de los casos.
Sentimientos más frecuentes
Al margen de esta depresión, los sentimientos más frecuentes a los que se enfrenta el anciano las primeras semanas desde su llegada a la residencia es una sensación de abandono y de baja autoestima. El mayor se siente inútil y alejado de su familia por lo que surge en él un sentimiento de hostilidad e impotencia.
En esta primera fase es muy importante que la familia refuerce la autoestima del mayor con visitas y apoyo emocional. Es importante recalcarle las razones por las que se encuentra en la residencia (está mejor atendido, encuentra otras personas en su situación, su familia le sigue queriendo).
Pero estos síntomas tienen que mejorar con el tiempo. Lo normal es que poco a poco, el anciano se integre, encuentre razones por las que seguir en la residencia, especialmente el trato con sus compañeros.
Para la familia, la culpabilidad es el sentimiento más frecuente, explica el doctor Pascual. En ocasiones, los familiares acuden excusándose por dejar al mayor en la residencia, sin embargo, tal como está estructurada la sociedad en la actualidad, no tienen más remedio. La familia ya no puede permitirse cuidar de los ancianos y mantenerlos en casa.
Acudir con asiduidad a visitar al mayor y vigilar que se encuentra bien atendido son dos hábitos claves para alejar este sentimiento de culpabilidad.
©2009. Madrid. Unidad Editorial, Revistas
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