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Dermopigmentación decorativa,
diseño y color en la piel

La decoración del cuerpo con dibujos de distintos colores es un arte conocido desde la antigüedad. En sus versiones modernas encontramos el tatuaje permanente y la dermopigmentación o micropigmentación decorativa, que permite obtener mejoras estéticas coloreando labios, cejas o incluso cicatrices para que vuelvan a tener su tono original.

Elena Escala Sáenz   |  12/03/2003 00:00

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La dermopigmentación consiste en la introducción de pigmentos hipoalergénicos en la dermis media para dar color a las zonas que, por diversos motivos, han perdido su tonalidad original o se encuentran menos definidas. Para ello “se emplean sustancias de colores similares a la dermis del paciente y se aplican con la ayuda de agujas muy finas que están conectadas a un aparato eléctrico denominado dermógrafo”, explica Lourdes Martín, especialista en Medicina Estética y vicepresidenta de la Sociedad Española de Medicina Estética.

Suele utilizarse especialmente para el relleno o definición de labios y cejas, y para crear la línea de los ojos a modo de maquillaje permanente, ya que hay personas que por problemas de visión o neuritis óptica no pueden pintarse los ojos. Pero también resulta eficaz para mejorar las secuelas de ciertas patologías, trastornos o tratamientos.

“Con esta técnica es posible devolver el color original a las areolas mamarias de mujeres que han sido mastectomizadas y corregir algunas cicatrices blanquecinas derivadas de intervenciones quirúrgicas o tratamientos como el lifting”.

El proceso de dermopigmentación es lento y minucioso, y requiere la realización de una historia clínica previa en la que deben descartarse posibles contraindicaciones, “como herpes labiales y dermatosis activas en las zonas a tratar, posibles alergias o problemas de coagulación, ya que durante la aplicación de los pigmentos se producen zonas de sangrado”.












Dermopigmentación

y tatuajes


La dermopigmentación se
diferencia del tatuaje en que éste se deposita en la dermis profunda y
permanece para siempre, aunque pierda algo de intensidad. De ahí que algunos
tatuajes que en principio eran negros se tornen azulados con el paso del
tiempo. La dermopigmentación, por el contrario, se deposita en la dermis
media, por lo que tiene una duración limitada de entre dos y tres años.


Tonalidades

Asimismo, hay que realizar un trabajo de análisis de las tonalidades de la dermis del paciente y el estudio de la estética personal. “En función de estos parámetros se determinarán los colores que hay que usar. Han de ser lo más naturales posibles y en ocasiones es necesario disuadir a los pacientes que piden colores muy fuertes o exagerados”.

El tratamiento dura unas dos horas, los resultados se notan de inmediato y el color se estabiliza a la tercera semana desde la aplicación. En un primer momento se produce una leve inflamación en la zona pigmentada, seguida de un proceso de cicatrización y reparación de la dermis. Aunque las complicaciones no son frecuentes, pueden darse infecciones, dispersión de pigmentos o alergias al niquel, cromo o cadmio.

La especialista recuerda que la dermopigmentación, que tiene una duración de entre dos y tres años, “implica el uso de anestesia local, agujas y sustancias externas al organismo, por lo que es imprescindible que el paciente se ponga en manos de un profesional médico”.

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