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El niño ante la separación de los padres

A los ojos de un niño, la separación de sus padres es un hecho difícil de entender y que puede desencadenar distintas reacciones afectivas, que van desde el miedo hasta la depresión. Más aún si la escasa madurez de los padres impide alcanzar una separación dialogada y se utilizan a los hijos como armas arrojadizas. Compartir con ellos el problema y hacerles participar en la toma de decisiones pueden ser las claves para evitar futuros desequilibrios emocionales.

Elena Escala Sáenz   |  21/05/2003 00:00

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La separación física de uno de los padres y la distancia emocional entre los progenitores no son aspectos fáciles de integrar en la vida afectiva de los hijos. “Los niños no suelen saber por qué sus padres deciden romper la pareja matrimonial y, según algunos estudios, sólo el cinco por ciento recibe una explicación que le ayuda a entender lo que está ocurriendo”, explica Annette Kreuz, psicóloga y miembro de la junta directiva de la Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas.

Las reacciones afectivas de los niños ante la separación de los padres están asociadas al miedo, la tristeza y la rabia. No obstante, la expresión del duelo por la pérdida de la familia nuclear dependerá en gran medida de la edad y la madurez del niño. “Los menores de tres años pueden volver a tener pautas de conducta ya superadas, como orinar en la cama o pedir el biberón. Además, su pensamiento mágico les lleva a fantasear con la desaparición del padre o de la madre de manera catastrófica. Los niños mayores, por su parte, son más conscientes de su rabia y suelen reprochar a los padres no haber intentado salvar las diferencias. Las reacciones más intensas de protesta se dan entre los seis y diez años, y se ven agravadas por el hecho de perder la convivencia del padre del mismo sexo”, apunta Kreuz.

Cuando los hijos se acercan a la adolescencia pueden entender mejor la situación e incluso son capaces de ponerse en el lugar de los padres. Aun así, no es la madurez de los hijos la que determina el ajuste a la nueva situación de separación, sino “la madurez de los padres para hacer frente a la complejidad de los problemas que surgen”.

Equilibrio emocional

No obstante, “los efectos más devastadores y duraderos sobre el equilibrio emocional y afectivo se deben al escenario de litigios interminables sobre la custodia de los hijos. Estos intentan escapar de las tensiones y presiones como pueden, lo que en ocasiones les lleva a mentir, manipular la información y reaccionar de forma exagerada por el temor a ser atacados”.

Por otra parte, el niño afectado intenta apoyar al progenitor al que percibe como más débil o afectado por la separación. “Cuando hay varios hijos, se reparten la tarea de cuidar al padre o a la madre, con el consiguiente desgarro que esto supone para la relación entre los hermanos. Y es que los adultos no suelen darse cuenta del impacto que tienen sus comentarios de desprecio y rechazo tanto hacia su ex cónyuge como hacia sus hijos”.

Ayuda psicológica

La intervención de un especialista, siempre en colaboración con al menos uno de los padres, puede resultar positiva cuando surgen señales de alarma en el niño. Para abordar el problema se pueden realizar sesiones conjuntas con padres e hijos, u orientar el tratamiento de forma individual. “La modalidad de mediación en los casos de divorcio difícil es una herramienta moderna y eficaz que ayuda a solucionar problemas de ajuste tras el divorcio o la separación”.

Kreuz insiste en que los hijos de padres separados no tienen por qué sufrir más ansiedad, trastorno de conducta o fracaso escolar que los hijos de padres que conviven. “Es un error atribuir cualquier problema a la situación de separación. De hecho, los únicos efectos sobre la conducta parecen ser que los hijos de padres separados se independizan más temprano, tienen relaciones sexuales más jóvenes y presentan más problemas en sus propias parejas cuando llegan a la edad adulta”.

En todo caso, los padres debe esforzarse en explicar de manera adecuada a la edad de sus hijos la situación que están viviendo e implicarles en la toma de decisiones que les afectan directamente. “Lo importante es que los niños sepan que se puede terminar la relación y el amor en la pareja, pero que esto no va a cambiar el amor de los padres hacia los hijos”.

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