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Reasignación sexual, el último paso en la búsqueda de identidad de género

La transexualidad es un trastorno de identidad de género que afecta a más de 2.000 españoles. Se trata de personas que no se identifican con su sexo biológico e inician un proceso que les proporcione una identidad plena. Aunque la intervención quirúrgica supone el paso definitivo al cambio de sexo, la cirugía va precedida de un tratamiento hormonal que debe ser controlado por especialistas médicos.

Elena Escala Sáenz   |  28/03/2003 00:00

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La reasignación de sexo es un largo proceso que parte de unos criterios diagnósticos muy preciso. “El transexual siente rechazo por sus atributos sexuales desde la infancia y existen teorías que indican que este problema de identidad de género se produce desde la etapa fetal. No obstante, para que el diagnóstico sea correcto debe existir un disturbio continuo en relación a su identidad sexual durante un periodo mínimo de dos años”, explica el doctor Juan Soler, presidente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Sea cual sea el origen de este trastorno, lo cierto es que las personas que lo sufren deben emprender un largo camino hasta alcanzar la identidad sexual deseada y una calidad de vida satisfactoria que les aleje de la marginalidad social. El primer paso consiste en el tratamiento hormonal, que debe mantenerse durante al menos dos años y que consiste en la administración de estrógenos y antiestrógenos a los pacientes de genotipo masculino pero identidad femenina, y andrógenos a los pacientes con genotipo femenino pero identidad masculina.

“La administración de hormonas debe estar estrechamente controlada por el endocrino, ya que las ansias por cambiar lo antes posible hace que estos pacientes opten por la automediación o tomen dosis muy superiores a las recomendadas”, señala Antonio Becerra, coordinador del Grupo de Trabajo de Trastornos de Identidad de Género de la SEEN.

Efectos secundarios

Sin embargo, la sobredosificación puede tener graves consecuencias para su salud. “Los estrógenos generan trastornos en la coagulación, por lo que su administración descontrolada puede aumentar el riesgo de padecer tromboembolismo. El exceso de andrógenos, por su parte, provoca alteraciones hepáticas”, indica el especialista

Otros efectos adversos asociados a la ingesta de andrógenos son la aparición de varices, hiperprolactinemia (exceso de lecitina en la sangre) o el crecimiento incontrolado de las mamas. “El manejo de las hormonas es muy complejo y aún no sabemos cuáles pueden ser todos sus efectos a largo plazo, por lo que se debe hacer una labor de vigilancia intensa, pues lo que pretende el tratamiento es emprender una lenta pubertad”, añade Soler.

La reasignación sexual culmina con la intervención quirúrgica en la que se reconstruyen los genitales que corresponden a la identidad del paciente. Sin embargo, el proceso completo sólo tiene cobertura sanitaria pública en Andalucía, donde el Hospital Universitario Carlos Haya, de Málaga, cuenta con una Unidad de Trastornos de Identidad de Género compuesta por un amplio equipo de psicólogos, cirujanos, urólogos, endocrinólogos y ginecólogos.

Prestaciones sanitarias

“Aunque la intervención no haya sido incluida todavía dentro de las prestaciones sanitarias públicas, tal y como ha ocurrido ya en otros países pioneros en Europa, estos pacientes sí pueden recibir asistencia psicológica y endocrinológica en la red sanitaria pública, de manera que tienen la posibilidad de iniciar el proceso de reasignación sexual bajo control médico. El problema surge con la aparición de algunos casos de objeción de conciencia en centros sanitarios”, apunta la doctora Isabel Esteva, endocrinóloga de la citada unidad del hospital malagueño.

La administración de hormonas y la cirugía no son más que dos vías para solucionar un trastorno que afecta a todas las facetas de la vida del paciente, que debe sortear numerosas dificultades psicológicas y de integración social desde la juventud. Esteva ha añadido que es frecuente que la transexualidad se manifieste desde la infancia. “Nuestra unidad cuenta con 350 pacientes, cuyas edades van desde los 14 hasta los 60 años, aunque se conocen casos de transexualidad de niños de siete u ocho años en otros países. No obstante, las recomendaciones indican que no es conveniente intervenir quirúrgicamente antes de los dieciocho años”.

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