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Síndrome del bebé zarandeado

30/09/2003 00:00

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Se llama ‘Síndrome del bebé zarandeado’, y consiste en un cuadro que se presenta después de mover a un niño bruscamente y que le provoca una lesión cerebral y ocular, por mecanismos aún desconocidos, pero que sin duda tienen que ver con los movimientos de aceleración y desaceleración de la cabeza. La mayoría de los padres y cuidadores desconocen esta patología, que fácilmente ocasiona daños irreversibles.

Cuando los padres son jóvenes, tienen una mala situación económica y laboral, y una situación inestable de la pareja, el riesgo de agresión al menor aumenta. Sin embargo, no siempre tienen que darse estas circunstancias para que ocurra el ‘Síndrome del bebé zarandeado’. Una persona normal puede perder la paciencia en un momento determinado y zarandear a su hijo, sin ser consciente, casi siempre por desconocimiento, de las repercusiones que esta acción pueda conllevar.

"Por orden de frecuencia la persona que suele provocar el maltrato es el padre, el novio de la madre, la niñera y la propia madre", explica Ignacio Castroviejo, Jefe de Servicio de Neurología Infantil del Hospital La Paz, de Madrid.

No existe ninguna predisposición por parte del niño a padecer el síndrome, sin embargo, resulta relativamente frecuente que se manifieste en niños que ya presentan un trastorno neurológico, que han nacido prematuros, que presentan una encefalopatía y que son muy llorones. "La predisposición mayor es la edad, ya que en niños mayores de tres años no se producen estos daños aunque sean sometidos al mismo zarandeo", señala Castroviejo.

Consecuencias graves

Los signos de la lesión cerebral secundaria al zarandeo se presentan al poco tiempo del maltrato, a los días o incluso horas, y "se manifiestan en forma de adormecimiento, mucho lloriqueo, pérdida de vitalidad y finalmente falta de contacto con el entorno. Algunas veces pueden tener crisis epilépticas y cuando se les hace una resonancia magnética en las horas o pocos días posteriores al episodio se detecta un edema cerebral y a los pocos meses, una gran atrofia en el cerebro", añade el experto. La sacudida también puede provocar hemorragias retinianas. "Nadie sabe con exactitud la causa, pero no sería extraño que ocurrieran como consecuencia del edema cerebral o por la dificultad que tendría la sangre venosa para retornar al cerebro por las vías oculares", explica Castroviejo.

Por lo tanto, las secuelas más importantes que pueden presentar los niños zarandeados y que ocurren en un porcentaje muy elevado de los casos son, en primer lugar, la pérdida de visión y, tras ella, un retraso psicomotor importante, una encefalopatía severa.

La paciencia es una gran virtud

Una vez que ha tenido lugar el episodio de zarandeo no hay ningún tratamiento que pueda evitar las secuelas. Hasta ahora no se ha podido encontrar ningún sistema que haga que el edema cerebral sea más leve. Por ello, la mejor forma de prevención son una serie de medidas que ponen a la paciencia en primer lugar. "Aquellos padres que tengan muy poquita paciencia deben mantenerse alejados de los niños", sobre todo en los momentos en los que éste presente llanto irritativo y persistente. "Puede resultar útil también situar la habitación del bebé algo aislada e insonorizada. Asimismo, si se trata de una pareja que comparte la asistencia al bebé intentar que siempre lo atienda aquel que tenga más paciencia y que al día siguiente tenga menos de necesidad de hacer algo", concluye el experto.

En diferentes situaciones

Hablar del 'Síndrome del bebé zarandeado' supone muchas veces hacerlo de maltrato. La mayoría de los casos que se conocen son fruto de una situación en la que, consciente o inconscientemente, se golpea al niño. Pero también puede darse por otros motivos. A veces, cuando un niño se atraganta o sufre una parada respiratoria, los padres o las personas cercanas, en un intento de que expulse el objeto o de que rompa a llorar, mueven bruscamente al niño provocándole lesiones en la cabeza.

Otro de los casos que se presenta, aunque con mucha menos frecuencia, es el de los accidentes de tráfico. Si el bebé no está bien sujeto en la sillita, al producirse una frenada brusca pueden desencadenarse los mismos daños.

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