La exposición a COP eleva la obesidad, dislipemia y diabetes

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La exposición a los disruptores endocrinos es universal. Estos compuestos acumulados en la grasa son transmitidos a través de la madre durante la gestación y después en la lactancia.

El Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (Ciberon) sigue avanzando en la investigación de los denominados químicos disruptores endocrinos (EDC, en siglas en inglés), presentes en los alimentos y en multitud de productos de uso cotidiano.

La investigación de los efectos sobre la salud humana de la exposición continua a los EDC constituye un asunto de gran interés, tal y como comenta el equipo del Ciberon ubicado en la Clínica Universidad de Navarra y coordinado por Javier Salvador, sobre la base de un análisis sistemático de los estudios publicados en la última década.

La literatura científica es muy amplia en este campo. Environmental Health Perspectives asociaba en 2007 las concentraciones urinarias de metabolitos de algunos tipos de ftalatos (contaminantes presentes en perfumes, plásticos, cosméticos y champús) con la obesidad y la resistencia a la insulina que precede a la diabetes.
Según Salvador, "la obesidad visceral promueve la liberación de ácidos grasos libres que llegan al hígado y contribuyen a generar resistencia a la insulina. La exposición simultánea a varios contaminantes orgánicos persistentes (COP) puede contribuir al desarrollo de obesidad, dislipidemia y resistencia a la insulina, los precursores más comunes de la diabetes".

Bisfenol A
También hay otros estudios que indican que los plásticos de policarbonato como el bisfenol A, que se utilizan sobre todo en los populares tuppers, podrían contribuir a generar diabetes al ser sometidos a altas temperaturas. Una investigación de la Universidad Miguel Hernández, de Elche, ha analizado a ratas preñadas expuestas a este compuesto durante los 19 días que dura la gestación de este animal. Todas desarrollaron diabetes gestacional. Las crías acabaron diabéticas a los seis meses de nacer.

En 2003, la revista Toxicological Sciences apuntaba que en Estados Unidos un 13 por ciento de los niños de 6 a 11 años tenían sobrepeso, tasa que se había triplicado en 20 años. Citaban tóxicos como el bisfenol A, el 4-nonilfenol y otros muchos, insistiendo en la importancia del ambiente fetal en el desarrollo de enfermedades adultas. La obesidad podría estar ligada a la presencia de una serie de sustancias químicas contaminantes, especialmente intraútero.

Y en 2005, un artículo en Birth Defects Research hablaba de los efectos que puede tener durante el desarrollo fetal el contacto con contaminantes, lo que se comprobó con la exposición de ratas preñadas a niveles muy bajos del diestilestilbestrol, que produjo casos de obesidad grave en edad adulta. 

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