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Dieta para la enfermedad de Crohn

La enfermedad de Crohn y la Colitis Ulcerosa forman parte de lo que se denominan Enfermedades Inflamatorias Intestinales (EII). Ambas patologías son nuevas, crónicas, de causa desconocida, evolucionan en brotes de intensidad y duración variable y se manifiestan, principalmente, en jóvenes de ambos sexos.

28/03/2001 00:00

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En el origen de estas enfermedades están implicados factores genéticos que predisponen a sufrir estas patologías y, probablemente, infecciosos (microbacterias o virus) e inmunológicos, es decir, algún defecto en el correcto funcionamiento del organismo. Asimismo, existen factores que desencadenan las fases de actividad de la enfermedad como la dieta, el estrés, el cansancio, la ansiedad, y situaciones emocionales adversas, como la muerte de un familiar o la pérdida del puesto de trabajo.

Los síntomas de esta enfermedad son el dolor abdominal, las diarreas intensas y el estreñimiento, fisuras y úlceras en el ano, cansancio, depresión y pérdida de peso. Asimismo, existen otra serie de síntomas añadidos como la inflamación de los ojos, dolor de las articulaciones, trastornos dermatológicos, piedras en el riñón o la vesícula.

La dieta puede convertirse en la mejor aliada en el control de estas enfermedades ya que puede disminuir la gravedad de los brotes y aumenta la resistencia del organismo. sin embargo, también puede ser un desencadenante de los brotes, por lo que es importante conocer los alimentos que son perjudiciales y los que, por el contrario, previenen las crisis.

Características de una alimentación adecuada

Una dieta correcta debe cubrir las necesidades nutricionales del individuo y no ser irritante para el intestino. Por ello es importante adquirir unos conocimientos básicos de dietética.





























¿Cuáles
son los elementos nutritivos que componen una buena dieta?


Proteínas:
Las
proteínas de origen animal (carne, pescado, leche, huevos) y de
origen vegetal (legumbres y trigo) suelen ser bien toleradas por
los enfermos de EII, aunque en ocasiones se presenta una intolerancia
a la leche y a las legumbres, debido a que los restos de éstas
no se digieren. El rechazo que provoca la leche se debe a la ausencia
de una enzima llamada lactasa. A veces es necesario un alto aporte
de proteínas porque éstas se pierden por el intestino enfermo.



Grasas:
Las
grasas dan mucha energía en poco volumen y pueden ser de origen
animal (nata, manteca, mantequilla, tocino, carne de cerdo y pescado
azul) o de origen vegetal (aceite de oliva, de maíz o de girasol
y margarina). Cuando el intestino delgado está afectado no se absorben
correctamente las grasas normales. Esto hace que el intestino grueso
se irrite y se produzcan diarreas.


Hidratos
de carbono:
Son
alimentos energéticos contenidos en las féculas y los azúcares.
La mayoría son de origen vegetal : polisacáridos (trigo, patatas,
arroz y maíz) y monosacáridos (glucosa, fructosa, azúcar de caña
o miel). Un exceso de azúcar puede producir fermentación que genera
molestias y diarreas.


Vitaminas:
Pueden
ser solubles en grasa (A,D,E,K) y solubles en agua (grupo B y C).
El déficit vitamínico puede deberse a que el enfermo tiene que llevar
una dieta muy restringida o a la deficiente absorción del intestino.
En el primer caso hay que tomar suplemento de vitaminas por vía
oral y en el segundo hay que inyectar estos aportes.


Minerales:
Los
enfermos que sufren muchas diarreas o pérdidas continuas de sangre
tienen un importante déficit de minerales. Son necesarios en pequeñas
cantidades: calcio (leche), fósforo, hierro y magnesio (carne e
hígado), sodio, (sal común) y potasio (verduras y frutas).


Fibra:
La
fibra permite absorber tóxicos y facilita el movimiento intestinal.
Generalmente la fibra debe evitarse cuando se tienen brotes de la
enfermedad o cuando existe una suboclusión intestinal. Hay diferentes
tipos de fibra, algunas son bien toleradas mientras que otras irritan
mucho el intestino. Es el enfermo el que debe determinar cuáles
son las que le resultan molestas.


Agua:
Es
la única sustancia cuyo exceso no perjudica. Sin embargo, algunos
enfermos creen que al agua aumenta las diarreas. Esto sólo sucede
cuando se toma rápidamente muchas cantidades a la vez. Los enfermos
de EII pueden tener piedras en el riñón por una concentración de
orina excesiva o de oxalatos, una sustancia que se encuentra especialmente
en las espinacas. Conviene beber mucha agua evitando las grandes
cantidades a la vez.


Bebidas:
Deben
evitarse las sustancias estimulantes, como el té o el café, porque
irritan el intestino. En cuanto a las bebidas alcohólicas, son bien
toleradas en pequeñas cantidades. El vino tinto de mala calidad
tiene muchos elementos químicos e irrita mucho el intestino; y la
tolerancia a la cerveza debe comprobarse de manera individual. No
es aconsejable el consumo de bebidas alcohólicas de alta gradación.


















Reglas
generales

El
tratamiento de la enfermedad de Crohn y la Colitis Ulcerosa no cuenta
con una dieta única. Un elemento puede sentar bien a un paciente
y, a su vez, ser perjudicial para otro. Por ello, es el propio enfermo
el que debe determinar si le conviene ingerir cierto tipo de alimentos
en virtud de las reacciones que produzca en su propio organismo.



1.
Si no percibe relación entre un alimento y las molestias que
siente no hay motivo para que deje de consumirlo.



2. La tolerancia a un alimento es diferente dentro y fuera
de un brote. Un enfermo puede tolerar todos los alimentos cuando
la enfermedad se mantiene inactiva y, en cambio, cuando tiene un
brote todos los productos pueden molestarle.



3. Debe probar la tolerancia a un alimento varias veces y
siempre junto a otros cuya tolerancia conozca. A un enfermo le puede
sentar mal el arroz en paella, por los ingredientes añadidos, y,
sin embargo, puede tolerar el arroz blanco.



4. Las molestias provocadas por un alimento al llegar a un
sitio estrecho o enfermo del intestino comienzan entre una y seis
horas después de comer. En cambio, el dolor que aparece un día después
no es atribuible a la enfermedad.



5. El efecto dañino depende de la cantidad que se ingiera
del alimento perjudicial.



6. Mastique bien, coma con tranquilidad y descanse después
de comer.



7. No abuse de sustancias perjudiciales como el alcohol o
el tabaco, ya que pueden irritar mucho el intestino.



8. Procure llevar una dieta sana, amplia y equilibrada en
los periodos en los que la enfermedad permanece inactiva.



9. Una dieta sana es aquella que nutre bien a pesar de las
limitaciones, disminuye la severidad de los brotes y acelera la
recuperación tras los mismos.








Lista de alimentos









Esta lista divide los
alimentos en tres apartados: los que la mayoría de los enfermos no tolera,
los que hay que probar y los que casi todo el mundo tolera. Hay alimentos
que aparecen en varios apartados, como la leche. La leche contiene grasa,
proteínas, lactosa, vitaminas y minerales. En ocasiones no se soporta la
nata, por lo que se puede tomar leche desnatada; sin embargo, cuando no
se tolera la proteína se deben evitar todos los productos lácteos. Generalmente
el intestino carece de lactasa, una enzima que permite asimilar la lactosa
de la leche. Muchas veces sólo hay intolerancia a éste y otros alimentos
durante las crisis, pero después se soportan sin problemas.

















Alimentos
ricos en proteínas y grasas

Mal
tolerados


Aceites de cualquier procedencia; leche entera, condensada, de vaca
de cabra y de oveja; queso graso; helado; carnes grasas (cerdo y
pato); carnes fritas; embutidos (chorizo, salchichón y butifarra);
salsas picantes; sesos y callos; foie-gras y paté; huevo duro o
frito; pescado azul frito (anchoas, boquerones, sardinas, angulas,
caballa); pescado en aceite o mayonesa.


A
probar


Leche desnatada, en botella o en polvo; requesón o queso con poca
grasa (menos de un 50 por ciento); yogur; jamón serrano o cocido
con piel; huevos pasados por agua o revueltos hechos en casa; tortilla
casera con poco aceite; bacalao sin salsa picante; trucha a la plancha;
gambas cocidas o a la plancha; sopa de almejas, marisco o pescado.


Bien
tolerados


Carne de vaca o ternera (a la plancha, cocida o estofada); carne
picada preparada en casa; lengua y caldo de carne; pescado blanco
(besugo, bonito, gallo, lenguado, merluza, mero, pescadilla, rape,
salmonete) a la plancha, a la romana o al horno. Como condimento
se puede utilizar sal, limón, perejil, laurel, albahaca, tomillo
o un poco de ajo. Se debe probar la tolerancia de la nuez moscada
y el curry. Evite el uso de pimienta, pimentón, guindillas y mostaza.



















Fibras,
vitaminas y minerales

Mal
tolerados


Legumbres (guisantes, lentejas, habas, garbanzos y judías); patatas
fritas; cacahuetes y coco; cebolla, coles, coliflor, pimientos,
puerros y rábanos; frutos de hueso grande (albaricoques, melocotón,
ciruela y cereza); higos y melón.


A
probar


Ensalada y verduras frescas bien masticadas; frutos secos bien masticados;
acelgas y repollo; ajo, alcachofa, apio, berenjenas, espinacas,
judías verdes, pepino y remolacha; tomate crudo, piña, aceitunas
y fresa; zanahorias crudas bien ralladas o en zumo; peras, dátiles,
uvas, levadura de cerveza; champiñón y setas; sandía, naranjas o
mandarinas sin semillas.


Bien
tolerados


Patatas cocidas al horno; espárragos y boniatos; zanahorias cocidas;
manzanas (bien masticadas o al horno), endivia y apio blanco cocidos,
carne de membrillo; mermelada de manzana, pera, plátano, limón,
arándanos, y zanahoria; plátanos y guayabas sin pipas.





















Dulces
y bebidas

Mal
tolerados


Centeno y pan de centeno; pan muy fresco; todos los dulces, tartas
y pasteles que tienen mucha nata, grasa o crema; Churros y mantecados;
vino blanco y coñac; zumo de melocotón y albaricoque; leche de coco;
coca-cola y combinados alcohólicos; helados.


A
probar


Pan integral de panadero (no de fábrica); galletas y bizcochos con
poca grasa; copos de avena y turrón bien masticado; bebidas refrescantes
con gas, cerveza, vino tinto de calidad (los de baja calidad molestan
porque tienen muchos elementos químicos), sidra, licores y anís;
zumo de pera, piña, uva, grosella, limón, tomate y naranja; té moruno
y de Ceylán; helados caseros y sin nata; tocino de cielo y flan
casero.


Bien
tolerados


Todas las pastas, arroz y su harina; sémola de trigo y arroz; pan
del día anterior (si es del día es conveniente tostarlo); azúcar
(no mucha), miel, caramelos y merengue; Los dulces que contengan
pocas grasas y aceites sin coco ni cacahuetes; zumos de naranja,
manzana y granada hechos en casa; manzanilla, canela e infusiones
de tila.




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